Yateras: La cuna del Changüí

Por: Yisel Reyes Laffita

Un poco más allá del cementerio y más acá del poblado de Felicidad de Yateras, entre plantaciones de plátanos, se encuentra uno de los locales que más músicos ha reunido, por generaciones, en esa comunidad: La casa del Changüí.

No por su tamaño, ya que apenas rebasa unos pocos metros cuadrados, sino por la grandeza de lo que puede agrupar ese lugar que logra unir a niños, jóvenes y adultos con una sola pasión: bailar, tocar y cantar, al ritmo de ese género, oriundo de nuestra provincia.

Y es que hablar de Guantánamo es hacerlo del changüí, ya que fueron estas tierras las que lo vieron nacer, para mayor exactitud se puede decir que El Salvador, Manuel Tames y el muy conocido barrio guantanamero de la Loma del Chivo son fieles portadores de esta expresión de la música campesina. Sin embargo, es Yateras la que presume el mérito de ser la cuna del popular ritmo local.

El hecho de contar con changüiseros de la talla de Eduardo Goulet Lestapier (Pipi), director del grupo Estrellas Campesinas, Celso Fernández Rojas, al frente de El guajiro y su conjunto, además de la primera casa del changüí en el territorio, y tener garantizado el relevo con agrupaciones de diferentes generaciones son algunos de los atributos por los que este municipio tienen hoy muy bien ganada su fama.

Ancestro de muchos ritmos

A pesar de ser un género centenario, considerado mundialmente como el ancestro del son cubano, en nuestra isla e internacionalmente, se popularizó gracias a Elio Revé Matos, conocido también como el padre de ese ritmo, pero no fue hasta hace unos años que adquirió el auge que siempre soñamos, ganado con el Festival Nacional del Changüí.

Este evento promovió esa música, autóctona de Guantánamo, sin embargo, según dicen muchos que peinan canas, es de cuando las fiestas se hacían con mechones, y el puerco en púa, el ajiaco y las bebidas eran sólo una excusa para brindar por la alegría y la amistad.

Cuenta la historia local que para hablar del changüí, habría que remontarse a inicios de la década del 50, cuando la agrupación Coco liso, integrada por músicos negros, animaba las fiestas de la época allá.

“Ese conjunto era el único que podía participar en las celebraciones de los blancos, y aunque se dice que fue el primero, no significa que haya sido el inicio de la manifestación en la zona”, afirma Alina Fernández Ruiz, especialista del museo en el Consejo Popular de Felicidad.

“En sus inicios, con changüí se cantaba a muchos sucesos suceso –agrega:  a una mujer, un accidente, la conclusión de la zafra… Esto sucedía mucho en la zona de los Naranjos, donde estaban las ruinas de un cafetal francés y se utilizaban los secaderos para las celebraciones, especialmente cuando comenzaba el “tiempo muerto”, porque venían a traer el café y ahí mismo comenzaba la descarga.

“Así se hacían esas cumbanchas en las que los músicos se unían ocasionalmente y le daban ritmo a los instrumentos, destacándose siempre el guayo, el tres, la marímbula y el bongó. En aquel entonces, se sustituían algunos por el cuero de los taburetes o el guayo donde las mujeres rayaban el maíz…”

No fue hasta 1985 que Yateras oficializa su conjunto, esta vez con un nuevo nombre: Estrellas Campesinas, pero mantiene los mismos músicos y espíritu: “La nueva agrupación reaparece a raíz de la constitución de las direcciones municipales de Cultura”, explica la especialista.

“A partir de ese año comienzan a desarrollarse los festivales municipales, en el mismo local donde encuentra la actual Casa del Changüí, en los que también participan conjuntos de Manuel Tames, El Salvador y Niceto Pérez, para tratar de preservar el ritmo que comenzaba a convertirse en tradición”.

Desde entonces hasta la fecha muchas agrupaciones han surgido, hoy el municipio cuenta con 54, aunque sólo la mitad funciona, debido a la escasez de instrumentos. Vale resaltar que en todos los Consejos Populares hay al menos una.

Gracias al esfuerzo del territorio en el rescate, conservación y promoción del género, el municipio de Yateras tiene representaciones de grupos de changüí de todas las generaciones, destacándose Estrellas Campesinas y Guajiro y su conjunto, como profesionales; Nueva generación, compuesta por jóvenes aficionados y  Los pinos nuevos, resultado del trabajo que se realiza en las enseñanzas primaria y secundaria básica.

Ayer, hoy y siempre

Aunque comenzó con 10 años, acompañando a su padre, que era integrante de Coco liso, Pipi recuerda con emoción lo que ha significado cantar desde que tenía esa edad.

“Antes la fiesta duraba una semana en todas las casas, como no había agrupaciones cada músico cogía su instrumento y a tocar, no ganábamos nada, así que lo hacíamos por placer.

“Pero el tiempo fue cambiando. Aunque no dejamos de cantar teníamos que trabajar, lo hice en la zafra cafetalera, Comunales y muchos lugares más, hasta que un día, hace como 12 años, se me apareció un viceministro de Cultura con Elito Revé, y me dijo que comenzaría como profesional.

“Uno se iba a las fiestas a tocar, comer y tomar, ahora es diferente, el Estado nos paga un salario, y a él tengo mucho que agradecerle porque no pensé nunca llegar hasta aquí, y mírame, cantando con 72 años y con el relevo asegurado”, comenta.

Pero Pipi no es el único que atesora recuerdos de su vida changüicera, Celso Fernández Rojas, el guajiro para muchos, trae en la sangre el ritmo y en el corazón la pasión.

“Desde pequeño esto era lo mío, canté en agrupaciones de aficionados como Timbre latino, Sorpresa, El Celsómetro, este último creado por mí, y en otras profesionales como Atacancan, Sonido 1410 y El guajiro y su conjunto, del cual soy su director y cantante.

“Pasé por varias y de cada una aprendí un poco, porque todo grupo debe tener su sello distintivo, hoy no se puede tocar el changüí como hace 50 años, pero sí respetar las raíces.

“Incluso los compositores debemos ser inteligentes a la hora de hacer las letras, de manera que llegue un mensaje claro al pueblo, porque el changüí que se tocaba antes era para una población que en su mayoría no tenía ni sexto grado, y hoy se hace para personas que son de un alto nivel cultural.

“Ahora tenemos la continuidad asegurada, y eso significa más vida para el changüí, que haya un intercambio cultural…, porque hay diferencia entre cómo se toca en La Habana, en cualquier provincia del país, en otra parte del mundo y en Guantánamo, y eso es muy importante”, precisa.

Pero la continuidad no es un problema en Yateras, porque Nueva generación, el más fiel exponente del ritmo, integrado por jóvenes, asegura que su principal propósito es “mantener las tradiciones que nos transmitieron nuestros antecesores”.

Ese lozano grupo, conformado por instructores de arte de 18 a 24 años de edad, ya lleva un lustro de fundado, y aunque en su mayoría pertenecen a la banda de concierto del municipio, prefieren trasladarse hacia todos sus rincones repartiendo música tradicional.

Una de las vías que utilizan en Yateras para preservar el género es la creación de grupos musicales en las escuelas, integrados por quienes desde pequeños demuestran inclinación por ese ritmo.

“Estos niños nunca antes han estudiado música, sólo aprovechamos el talento que tienen, quizás porque lo llevan en la sangre o simplemente porque le gusta, y un profesor los reorienta con ayuda de algunos cantantes como Celso”, dice Fernández Ruiz.

Manteniendo las tradiciones

“Tumbaitos” como el Guararey de Pastora, Yuca pa’ ti mamá, Compay Zenon, Yo me voy para la zafra y Changüí morena, han logrado llegar hasta nuestros días y algunos más conocidos que otros por su ritmo contagioso, han puesto a bailar a muchos dentro y fuera del país.

Entre los máximos exponentes del género que lo han popularizado se encuentran artistas de la talla de Pedro Speck, Arturo y Chito Latamblé, Roberto Bauta, Elio Revé Matos y su hijo Elito, Eduardo Goulet, el grupo Changüí Guantánamo, entre otros.

Sin embargo, a pesar de los años de difusión, el ritmo está comenzando a vivir su mejor momento con la celebración de los Festivales Nacionales de Changüí, que en cada edición reúne a más agrupaciones del país interesadas en incluirlo en su repertorio.

Rescatar otras tradiciones como el uso de la guayabera en hombres, vestido en las mujeres, el pañuelo en muñecas y hombros, atuendos propios del baile, es una de los principales propósitos que busca en su sexta edición, a celebrarse del 30 de mayo al 3 de junio próximo.

Respetar nuestras raíces y afianzar lo hecho hasta ahora fortalecerá la identidad de este género autóctono de Guantánamo, donde todos jugamos un papel importante para que las nuevas generaciones conozcan sus orígenes y lo defiendan.

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